Me encanta el invierno. Si, me vivo quejando del frío y sobre todo si me acompaña un varón (que excusa más buena), pero después de todo, me encanta. Imposible no profundizar en clima si de invierno estamos hablando, por que es la razón de que dicha estación sea tan genial. Salir y sentir esa brisa que parece agradable, pero que termina por configurar una especie de máscara de hielo que impide mover varios músculos de la cara; caminar amortiguado por la cantidad excesiva de calcetines (de polar, lana y chiporro) que se lleva; andar como pingüino para prevenir las caídas (y un posible bochorno, por que típico aparece el mino de tu vida en la otra vereda y te ve de poto en el suelo) a causa de la escarcha; para luego llegar a la casa y no poder abrir la puerta por tener las manos tan jodidamente congeladas que se vuelve imposible agarrar el manojo, y que aun imaginándote echada en el sillón tomando un tecito caliente logras sacar la fuerza suficiente como para girar la llave en la cerradura.. eso es invierno.
Pero para eso queda todo el mes, incluso más si se trata de Magallanes.
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